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Puebla vs. Guadalajara, una final muy mexicana
Por:  / 24 abril, 2015

Guadalajara 3.0/ Jesùs Villareal

(24 de abril de 2015).-El martes 21 de abril fue el día escogido por la Federación Mexicana de Futbol, debido a la semifinal suspendida con anterioridad por la lluvia, para que se jugara la final de la Copa MX entre el Guadalajara y el Puebla. Día por demás futbolero y por lo tanto televisivo: en Europa se jugaron también los cuartos de final de la Champions League, que dejaron como primeros semifinalistas al Barcelona y al Bayern München.

El partido fue disputado en el estadio Universitario de los Lobos BUAP, en Puebla, a las 20:00 horas. Con la tribuna llena, una noche despejada, y millones de ojos a la expectativa, el balón empezó a rodar (o trató de hacerlo), en contra de la voluntad de los jugadores de ambos equipos que no deseaban tener el balón en los pies y se empecinaron desde el minuto uno a mandar centros al área en busca de rematador.

El Puebla fue el primer beneficiado de esta manera de jugar tan asimilada por los equipos mexicanos, ya sean clubes o selecciones, cuando se está en instancias importantes y hay mucho en riesgo. Un tiro libre que fue recentrado con la cabeza en la esquina izquierda del área chica del portero terminó siendo impactado por Facundo Erpen, quien a los siete minutos de la primera parte y de cabeza, puso al conjunto local en ventaja.

Chivas no reaccionó y estuvo otras dos veces en peligro antes del minuto veintiséis, cuando Luis Gabriel Rey se levantó entre los defensas y con la frente puso el balón cerca del ángulo superior izquierdo de Toño Rodríguez. Nada pudo hacer el portero, el balón cruzó la línea por segunda vez.

Era una final y parecía que los jugadores de Chivas no lo sabían. El equipo poblano generó más jugadas ofensivas, y al término del primer tiempo el marcador registraba un 2-0 que parecía contundente por las circunstancias observadas en el terreno de juego. Chivas jugaba tan mal para entonces que resultó beneficiado cuando el árbitro marcó el final. El tiempo que había jugado en contra de Chivas desde que recibió el primer gol, ahora jugaba a su favor porque se había interrumpido quince minutos. Paradojas del futbol.

El segundo tiempo prometía pues los jugadores del Guadalajara salieron dispuestos a comerse el balón, ante un Puebla que se había tirado atrás y jugaba al contragolpe por medio del argentino Matías Alustiza. Al cincuenta y cuatro, Aldo de Nigris, el jugador más peligroso de Chivas durante el partido, acerco a su equipo tras un tiro-centro a media altura que mandó al área y confundió a Villaseñor, quien dejó pasar el balón hasta el fondo de la red. Un minuto después, Marco Fabián, recién ingresado de cambio, cobró un tiro de esquina que fue rematado por un jugador de chivas y tras una serie de rebotes cayó en los pies de Aldo que no dudó en disparar con fuerza para poner el marcador empatado a dos. El ánimo estaba renovado. Chivas y sus seguidores volvieron a creer en el famoso “Sí se puede”. Sin embargo, al minuto cincuenta y nueve, los jugadores de Chivas decidieron volver a hundirse: en un tiro de esquina a favor de Puebla, Kristián Álvarez, al ver que el balón pasaba cerca de él sin posibilidad de rechazarlo estiró la mano y el árbitro marcó un penal clarísimo. Matías Alustiza fue el encargado de cerrar el trámite para el tres a dos con un zurdazo muy potente a media altura y a la derecha de Toño.

En el partido había tiempo para más. Chivas estaba en la lona y cualquier balón que era controlado por algún jugador rojiblanco en la banda terminaba en centro. Puebla volvió a la defensiva. Al minuto sesenta y siete Alustiza controló un balón filtrado, encaró a Miguel Ponce en el área grande, y con un gran recorte dejó al defensa en el suelo y quedó solo ante Rodríguez. El derechazo del argentino se filtraba, violento, entre las manos del arquero para chocar contra la red y así mostrarle a los espectadores que el futbol, como la vida, es un subibaja.

Algunos jugadores de Chivas trataron de animar a sus compañeros pero todo estaba perdido. Un remate de cabeza que terminó en el travesaño, producto de un desborde por la izquierda fue la jugada más peligrosa de Chivas después del cuatro a dos. Puebla todavía tendría a su favor el factor Cuauhtémoc Blanco, que entró de cambio al sesenta y nueve, con el afán de despedirse como campeón de su carrera profesional como futbolista.

Casi al finalizar el encuentro, al minuto ochenta y cuatro, Marco Fabián intentó mandar un centro que fue cortado por una mano, y tras dudar unos instantes, y pensar quizá en la famosa ‘ley de compensación’, el silbante marcó el segundo penal de la noche. Aldo de Nigris quería un hat-trick, y se perfiló de derecha. En un tiro se definía la situación de Chivas: era fallarlo y morir antes de que terminara el partido, o meterla y luchar incansables con el cuerpo de un moribundo y el corazón de un soñador por el empate. Tras el tiro de Aldo la mayor parte del estadio se lamentó para después enmudecer. El sonido y la ausencia de él en esta ocasión dijeron más que mil imágenes.

Minutos eternos pasó la defensa de Puebla y de agua los jugadores de Chivas. Al noventa y uno, cuando faltaban sólo dos para que el Puebla se coronara, se fue la luz en el estadio y el juego se interrumpió por diez minutos. El juego fue reanudado como un simple trámite pues el juego estaba definido; cumplido el tiempo agregado, el Puebla se coronó campeón ante su gente.

La regla estaba rota desde el principio, y todos lo sabían. El equipo poblano, casi hundido en el descenso, le pegaba en la final al Guadalajara, puntero de la Liga MX y con quien compartió la lucha por el no descenso hasta la jornada catorce, cuando el equipo tapatío logró la permanencia por medio de varias combinaciones de resultados. El futbol mexicano trascendió el surrealismo y lo volvió ridículo y grotesco.

La mesa estaba puesta para el equipo local y Cuauhtémoc Blanco fue el encargado de levantar la copa. Los aficionados, algunos entre lágrimas por lo que significaba la copa, quizá la última como equipo de primera división, otros con gritos y cánticos alegres, se le entregaron por última vez al número diez y a los demás jugadores que hicieron posible el campeonato.

Puebla jugó a lo que debía, y le salieron las cosas. Chivas quiso llevarse la Copa y el medio boleto a la Libertadores con un cuadro alternativo porque se creyó grande sin acordarse de que el tiempo cambia tanto a las personas como a las instituciones.  Si los camoteros jugaran todos los fines de semana como el día de ayer, la UDG ya estaría de regreso en el Ascenso MX. Sin embargo, pareciera que la costumbre adoptada por el mexicano de dejar todo al último permea también el deporte, y el descenso se definirá hasta los últimos instantes del torneo.

En tiempos de crisis suceden cosas extrañas. Algunos aficionados, al ver que era el último partido de Cuau’ como jugador profesional, pensaron en un arreglo para que el ex seleccionado nacional se despidiera como lo que siempre fue en la cancha, un ídolo y un gran jugador de mucha influencia, que ahora quiere dedicarse a la política. Y es que el fútbol en México y en todo el mundo es muchas cosas más antes que deporte. Hay que recordar también cuando Juventus, que hoy también ganó su pase a semifinal de la Champions, descendió porque se comprobó un amaño de partidos. La paranoia de la corrupción no deja de abrumar al mexicano ni siquiera cuando la pelota rueda de aquí para allá, ni siquiera cuando el espectáculo más hermoso del mundo nos regala seis goles en un partido de final de copa en México.

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