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Nepal: crónica de una crisis humanitaria
Por:  / 15 mayo, 2015

GUADALAJARA 3.0/Estefanía Ruelas

(13 DE MAYO DE 2015).- Un nuevo terremoto, de 7,3 en la escala de Richter, azotó Nepal el día martes 12 de mayo. Lo ocurrido presenta un reto monumental para la comunidad internacional, que, en sus esfuerzos por apoyar las labores de reconstrucción, se enfrenta a un contexto social, político y económico poco alentador.

Miles de personas han vuelto a las calles este martes en Nepal, tras el terremoto de 7,3 que tuvo el epicentro a 18 kilómetros de Kodari, a 76 kilómetros al noreste de Katmandú, y a una profundidad de 15 kilómetros. Esto ocurre luego del seísmo de 7.8 del 25 de abril, que ha causado ya más de 82000 muertos y 18000 heridos.

El saldo de víctimas asciende a cerca de 76 muertos tras está nueva sacudida, y casi 2374 heridos. También se informa que cinco personas más murieron en Chautara, capital de Sindhupalchok, el territorio más castigado por el primer terremoto y que condensa más de la tercera parte de los 8000 mil muertos contabilizados. Además, el nuevo terremoto ha alcanzado a la India, donde se han registrado al menos 17 muertos y 39 heridos.

Los expertos de organizaciones humanitarias, que apoyan en Nepal con los heridos y las labores de desescombro y reconstrucción, informan que la población ya empezaba a sentirse segura después del gran terremoto, y que incluso algunos comenzaban a regresar a sus casas. Sin embargo, este terremoto incrementó los daños en edificios y carreteras ya afectados por el primero.

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El principal responsable de la operación humanitaria de la ONU en Nepal, Jamie McGoldrick, alertó en rueda de prensa de que “la gente aquí se encuentra en una situación angustiante” después de los temblores de ayer y del 25 de abril. También lamentó que la suma solicitada por la ONU tras el primer terremoto, $423 millones, aún no haya sido reunida, pues solo se ha recibido alrededor del 15%. Por ello ha reiterado su llamado a la comunidad internacional para continuar con las donaciones.

Ante esto, la Asamblea General de las Naciones Unidas se dispone a adoptar esta semana una resolución con la que busca alentar los niveles de recaudación para colaborar con la reconstrucción de Nepal. El borrador de resolución presentado pone de relieve la importancia de que se asista de manera urgente a los supervivientes, tomando en cuenta la importancia de llegar a las poblaciones más remotas. Además, se menciona que esta ayuda humanitaria debe ir en paralelo a los esfuerzos de reconstrucción, pues el terremoto destruyó 15000 casas y provocó casi tres millones de desplazados internos; y se estima que el coste de la catástrofe puede superar el 20% del PIB.

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Pero, ¿Qué hay detrás de la atención mediática sobre la crisis humanitaria en Nepal?

Nepal, uno de los países más pobres del mundo, ocupa el puesto 157 de 187 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, y la renta per cápita es de 750 dólares según el Banco Mundial. Se estima que aproximadamente una cuarta parte de su población se encuentra por debajo del umbral de la pobreza. A lo anterior se suma el hecho de que su principal actividad económica es la agricultura, de la que vive el 70 % de los nepalíes, y que se desarrolla en apenas el 20% de la superficie del país que es cultivable.

También hay que considerar que anterior a la crisis que vino con el terremoto del 25 de abril, Nepal ya contaba con graves problemas para desarrollar sus actividades económicas; como fallas en el suministro de energía, a pesar del gran potencial hidroeléctrico del país, y escasez de carreteras. Por ello las organizaciones internacionales consideran que el país necesita una fuerte inversión en infraestructura, para así facilitar la presencia de inversión extranjera y diversificar las actividades económicas. Todo con el objetivo de dejar de depender del sector primario.

A los problemas estructurales de la economía nepalí hay que agregar la crisis política e institucional que se padece desde hace más de una década. El país asiático sufrió un movimiento de insurgencia maoísta desde 1996, tras lo que vino en 2008 la decisión de abolir la monarquía y redactar una nueva Constitución. Sin embargo, a pesar de la creación de una Asamblea Constituyente (disuelta en 2012 y reelegida en 2013), el proceso de transición política hacia la democracia continua inacabado, pues persisten las luchas internas entre las fracciones.

Finalmente, por si no fueran suficientes los infortunios que la posición geográfica trae a Nepal, uno de los países más vulnerables a los desastres naturales del mundo (según informe sobre la vulnerabilidad y el riesgo al desastre del PNUD), se suma su fatalidad geopolítica de estar atrapado entre India y China. La lucha entre los dos gigantes asiáticos por posicionar su influencia en la región se ha vuelto palpable en la inestabilidad política del país; pues la pugna que se mantiene entre las fracciones internas tiende a inclinarse hacia algún lado de la balanza: el Partido Comunista de Nepal es pro China y el Partido del Congreso de Nepal, pro India.

No cabe duda de que el reto de la comunidad internacional va más allá de dar solución a una crisis humanitaria, pues lo que se avecina es a la vez un reto y una oportunidad. Por un lado está la monumental tarea de dar respuesta a la emergencia, de atender las necesidades básicas y urgentes de la población, como el abastecimiento de alimentos y medicamentos; así como la reconstrucción de la infraestructura dañada y el restablecimiento de los servicios. Y por el otro lado se encuentra la ocasión para que los diferentes actores de la escena internacional, países, instituciones y organismos no gubernamentales, muestren voluntad política y den una respuesta coordinada y efectiva a la altura de la complejidad del problema.

En conclusión, las soluciones que se implementen a partir de la contingencia deben de atender las particularidades del contexto social, político y económico, en completa colaboración con el gobierno nepalí; pues se requieren estrategias que puedan sostenerse al largo plazo para hacer frente a futuras catástrofes. Es necesario dar solución a los problemas estructurales de un país en proceso de consolidación interna, pasando así de la asistencia humanitaria a la reconstrucción de algo mejor.

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