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Engordando el futuro.
Por:  / 27 octubre, 2015

En nuestro país existe una variedad gastronómica que nos posiciona como una de las cocinas más excéntricas en el mundo.  La tradicional comida mexicana tiene la peculiaridad de sacar la nostalgia gustativa hasta en la persona más apátrida posible pero desafortunadamente este romance también ha metido al país en serios problemas de salud.

Recientemente diputados del PRI y del PAN votaron a favor de la reducción del impuesto a las bebidas azucaradas. Según datos del Instituto Nacional de Salud Pública y la Universidad de Carolina del Norte, el consumo de este tipo de productos disminuyó 12% en 2014 debido a dicho gravamen.

Como es costumbre, México presume primeros lugares en situaciones vergonzosas. No existe en el  planeta un país con más obesidad infantil que nosotros y somos el segundo lugar en obesidad adulta solo por debajo de Estados Unidos.  Es cierto que el discreto aumento del impuesto a las bebidas azucaradas no es suficiente para terminar con el problema pero es un paso que había que dar.

Uno de los capítulos del  ya más famoso TPP establece la posibilidad de que las corporaciones puedan demandar a los gobiernos de los países firmantes ante tribunales internacionales de comercio, en caso de que sus negocios se vean afectados por políticas tomadas por dicho gobierno. Es evidente que tanto PRI como PAN actúan como lacayos de ciertas corporaciones y poco les interesa la salud de los ciudadanos a los que se dicen representar.

Así como nuestro país puede presumir de bellas costumbres, hay otras de las que no podemos estar orgullosos. El ascendente índice de sobrepeso y  obesidad se toma muy a la ligera pero es un reflejo de nuestro comportamiento alimentario. Esta grave situación es causa de enfermedades como la diabetes, la cual implica el mayor gasto del sector salud en México. Este problema no es totalmente responsabilidad del gobierno. Es cierto que deben existir programas sociales que fomenten el cuidado de la salud y espacios públicos para hacer ejercicio pero en primera instancia, el principal interesado en tener buena salud es uno mismo.

Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 1 de cada 3 adolescentes entre 12 y 19 años presentan sobrepeso y obesidad y esta condición prevalece hasta la edad adulta en 70% de los casos.  La intención no es satanizar a los gordos. El problema no solo radica en la calidad de lo que consumimos sino en la cantidad en que lo hacemos.

El azúcar también es una droga y causa adicción pero no cuenta con la misma satanización que otras drogas incluso menos dañinas.El mismo TPP también contiene un apartado en el que pretende empoderar de manera irresponsable a la industria farmacéutica. No olvidemos que la salud se compra. La obesidad es el principal factor de riesgo modificable para el desarrollo de enfermedades y es necesario pasar de la broma para tomar acciones de prevención ante el nuevo embate neoliberal.

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