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El Piojo Herrera y la tragicomedia de la “Copa de Oro”
Por:  / 29 julio, 2015

Francisco Félix/GUADALAJARA 3.0

El pasado domingo 26, la Selección Mexicana de Futbol celebró su séptimo título en Copa de Oro de la CONCACAF tras vencer por 3 a 1 a Jamaica. Sin embargo, en la prensa y la opinión pública el triunfo se ha visto opacado por el pobre desempeño futbolístico del equipo, el bajo nivel del torneo en general, las pifias arbitrales y los escándalos extra cancha que derivaron en el despido de Miguel Piojo Herrera. Todo esto en el contexto internacional de la más grave crisis de legitimidad por la que haya atravesado la poderosa FIFA en toda su historia, luego de los escándalos de corrupción que devinieron en la detención de varios altos funcionarios y que orillaron a Joseph Blatter, presidente del organismo, a presentar su renunciar, la cual se hará efectiva en febrero de 2016.

En 1991 se creó la Copa de Oro, que se celebra desde entonces cada dos años y cuyo ganador tiene derecho a representar a la CONCACAF en la Copa Confederaciones. Todas las ediciones se han realizado en Estados Unidos (dos en conjunto con México), pese a que originalmente el proyecto contemplaba la rotación de la sede. El torneo ha sido dominado casi exclusivamente por México y Estados Unidos, quienes se han llevado 12 de las 13 ediciones (Canadá se coronó en el 2000) y ha recibido críticas frecuentes por su bajo nivel futbolístico, poco atractivo y privilegio de la cuestión comercial.

La CONCACAF es una de las seis confederaciones de futbol en las que la FIFA ha dividido a todas las selecciones del mundo. Es la cuarta en número de selecciones (35) pero su nivel futbolístico deja mucho qué desear, situándose para muchos como el peor del mundo, apenas arriba de Oceanía. Fuera de las grandes potencias, México y Estados Unidos, destacan apenas unas cuantas selecciones centroamericanas (Costa Rica, Honduras, Panamá y a veces Guatemala o El Salvador) y otras caribeñas (Trinidad y Tobago y Jamaica). El resto de las selecciones –incluyendo a Canadá, la mayoría de las veces- han pasado siempre sin pena ni gloria tanto por la Copa de Oro como por las fases eliminatorias (con la salvedad de Haití, que clasificó al Mundial de Alemania 1974).

Los escándalos de la FIFA que tronaron en mayo pasado ratificaron lo que amplios círculos de periodistas y personalidades del deporte conocían  hacía tiempo: que la FIFA es una cueva de ladrones dedicados al lavado de dinero, los sobornos y el enriquecimiento ilícito, gracias a una compleja red de tráfico de influencias y connivencias entre altos funcionarios, empezando por Joseph Blatter, quien ha ocupado el máximo cargo de la organización desde 1998. El 29 de mayo pasado, Blatter logró su reelección para un nuevo periodo, pero apenas unos días después, el 2 de junio, tuvo que dimitir tras los escándalos de corrupción; parte de ellos tienen que ver con el pago de sobornos a cambio de los derechos comerciales de partidos de la CONCACAF para eliminatorias mundialistas y la Copa de Oro, en los que se vieron involucrados el trinitario Jack Warner y el estadounidense “Chuck” Blazer, presidente y secretario general, respectivamente, de la CONCACAF entre 1990 y 2011.

En lo que respecta a la Federación Mexicana de Fútbol, si bien no han estallado casos escandalosos de corrupción, es por todos sabido que la “grilla” y los negocios son los criterios fundamentales para la toma de decisiones tanto a nivel Selección Nacional como de clubes, cuyos dueños, casi siempre empresarios sin ningún conocimiento de futbol toman decisiones al vapor, movidos por sus intereses económicos y por las presiones de los patrocinadores, quienes son los verdaderos dueños del negocio.

Para ilustrar lo anterior, baste recordar la llegada de Miguel Piojo Herrera. Luego de una eliminatoria desastrosa, que llevó al equipo al quinto lugar del hexagonal final de la CONCACAF, José Luis “Chepo” De la Torre fue destituido. Luis Fernando Tena quedó como interino y el sustituto fue Víctor Manuel Vucetich, quien desde hacía varios años era señalado como la mejor carta para dirigir a la Selección. Vucetich dirigió dos partidos: ganó el primero y perdió el segundo. México clasificó “de panzazo” al repechaje gracias a la derrota por 3 a 2 de Panamá ante Estados Unidos en la última fecha, con dos goles de su acérrimo rival en los últimos 5 minutos del partido. Para el repechaje, ante la débil selección de Nueva Zelanda, Vucetich fue sorpresivamente hecho a un lado y llegó Miguel Herrera, quien obtuvo una victoria holgada.

En el Mundial Brasil 2014, México se quedó en octavos de final, como ha ocurrido desde 1998. Esta vez, el verdugo fue Holanda en un polémico partido donde se hizo famosa la frase “No era penal” por el regalo arbitral ante la caída fingida de Robben, delantero holandés, gracias a la cual México fue derrotado. Este año, en la Copa América de Chile, México tuvo un papel desastroso al quedar en último lugar de grupo (y penúltimo del torneo), con apenas dos puntos de nueve. La justificación fue que se llevó a un “equipo B” pues el de lujo se reservaría para la Copa de Oro. La lógica futbolística no sirve para entender dicha decisión: ¿por qué llevar a un mejor equipo a un torneo con tan bajo nivel futbolístico en lugar de utilizarlo ante selecciones sudamericanas? La razón es simple: el dinero. Como país invitado de Conmebol, México no tiene derecho a asistir a la Copa Confederaciones en caso de ganar la Copa América (algo que, por cierto, nunca ha sucedido). Pero si México gana la Copa de Oro (lo cual es común), sí tiene derecho a representar a CONCACAF en Confederaciones. De ahí la prioridad.

Pues bien. Con todo y su “equipo de lujo” México no la pasó bien en la Copa de Oro. Si bien aplastó en su debut a la débil Cuba (6-0), apenas rescató el empate a cero con Guatemala y sufrió para igualar con Trinidad y Tobago a cuatro tantos. En cuartos de final, sólo las pifias arbitrales le permitieron derrotar a Costa Rica por 1 a 0 con el cobro de un penal inexistente. Y si ya para entonces se hacía mofa del “no era penal” en recuerdo a lo sucedido con Robben y Holanda en el Mundial, lo que ocurrió en semifinales fue de plano descarado: a cinco minutos del final del partido, con el marcador 1 a 0 en contra, el árbitro inventó un penal que todos han reconocido que jamás existió, y que le permitió a México igualar el encuentro para llevarlo a tiempo extra y luego ganarle a Panamá. En la final ante Jamaica ya no fue necesaria la ayuda arbitral para lograr el triunfo, pero el escarnio había llegado para quedarse. Fueron pocos los que celebraron como meritorio el campeonato de México.

Y como si lo anterior no fuera poco, como colofón de esta tragicomedia, donde lo único que parece importante es el negocio, apenas un día después del triunfo, Miguel Herrera y su hija agredieron físicamente al comentarista de TV Azteca, Christian Martinoli, quien lo ha criticado constantemente. La agresión desató aún más comentarios en contra de la ya de por sí vapuleada credibilidad de la selección y, sobre todo, del Piojo, quien terminó por ser destituido. Mantener a Herrera en su puesto hubiera implicado mucho desgaste para la Femexfut, sobre todo a cinco días de que tome protesta su nuevo presidente, el ex funcionario priísta y ambicioso Decio De María, actual Presidente de la Liga MX y quien fuera secretario general de Femexfut casi diez años. Por su parte, El Piojo ahora podrá dedicarse de lleno a hacer comerciales de televisión para el “Güero” Velasco en Chiapas o a buscar una diputación por el Partido Verde…

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