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El orgullo de celebrar la diferencia
Por:  / 30 junio, 2015

GUADALAJARA 3.0 / Daniel Lepe
(30/junio/2015)  Están por cumplirse casi 37 años de la primera vez que miembros del Frente Homosexual de Acción Revolucionario se manifestará a favor de la liberación de ciudadanos homosexuales dentro de la marcha que reclamaba la libertad de los presos políticos en 1978. Y a propósito de esta fecha que se acerca (26 de julio) me gustaría elaborar algunas notas para la reflexión del movimiento ahora LGBTTI (y las letras sin duda seguirán aumentando).

Hace unas horas topé con lo que a mi parecer resulta un maravilloso artículo que habla acerca de las percepciones que se pueden tener sobre la marcha en pro de la diversidad sexual, los motivos e incluso los pronunciamientos de quienes se manifiestan ahí mismo. Sin duda coincido en muchas cosas con el autor y en otras tantas no puedo siquiera asimilar ese punto de encuentro.

En Guadalajara, la ciudad gayfriendly por excelencia, “el San Francisco en México”, el movimiento ha tenido formas distintas y muy particulares de transitar, sin embargo, hay prácticas y discursos que se reproducen desde el centro (e incluso desde el norte).

La diversidad y su aferrada celebración de la diferencia que en determinado momento agudiza la desigualdad (¿y eso a quién le importa?) por una parte y la inclusión por otra, han sido desde siempre herramientas del discurso para quienes se asumen como parte de la comunidad el-ge-be-te (y para quienes no, también).

En “la marcha de los putos” el autor incorpora un par de testimonios que nos pueden ayudar a entender dos aspectos que me parece necesario resaltar en el caso regional. Uno de ellos, perteneciente a esa generación del FAHR que da crédito a las luchas realizadas en las décadas de los 80´s y 90´s y que permiten que testimonios como el de la voz más joven hoy en día puedan articularse de tal manera; ahora podemos proponer la discusión entre la manifestación política y la celebración gozosa, por así decirlo.

Así mismo, en la ciudad de Guadalajara las manifestaciones inician por la necesidad de protestar en contra de los crímenes de homofobia así como por la visibilización de la diversidad sexual (que generalmente es masculina, y a cuya imagen solo hace falta agregarle que es blanca, de clase media, católica y heterosexual, ¡ups!) en la sociedad tapatía.

Podríamos decir que es la ciudad de los putos,  de las lenchas amorosas que pasean por las nueve esquinas, de transexuales hermosxs que sonríen al comer la jericaya. . . pero no. Se habla de las marchas en Guadalajara por sus múltiples colores, por su estruendoso sonido y los cuerpos “trabajados”, montados en los carros alegóricos pertenecientes a algún establecimiento comercial que porta con “orgullo” la bandera-arcoíris, se habla por la coronación de personajes sacados directamente de la cultura trash producida por las televisoras, ¿qué opina Carmencita Salinas? ¡Que no me lea Juan Sandoval Íñiguez!;  hay que sudar el orgullo y abrazar la inclusión de la diversidad.

No sé si realmente es necesaria la discusión entre la manifestación militante y el desfile colorido y dejar de lado los espacios de violencia que surgen dentro de esa misa colectividad, de esa misma hermandad que amalgama la diversidad. ¿Qué sentido tiene hablar de derechos cuando no se toman en cuenta las libertades del otro?

 

Del orgullo al pride

 

Hace aproximadamente una semana se llevo a acabo en la ciudad de Guadalajara el primer Guadalajara Pride (espero no sea ya una marca registrada y tenga que pagar regalías por enunciarlo) que a simple vista no parece otra cosa más que la antes conocida “Marcha del Orgullo”. Sin embargo parece ser que si existe una diferencia lo bastante significante. Se sigue ondeando la bandera-arcoíris, por supuesto, (y también se vende en todas presentaciones, sin importar el material, el tamaño o la marca, ¡ups!) se siguen repitiendo una y otra vez las palabras empoderadas: “orgullo”, “inclusión” y “diversidad” dentro de los discursos pronunciados hacia los asistentes.

Y sigue siendo LA FIESTA, una fiesta, por supuesto, una fiesta colorida, llena de sonrisas y en la cual los establecimientos que ayudan a reproducir y reafirmar la misoginia, el clasismo y la transfobia se llevaron la mejor tajada (¿será prudente hablar de la gordofobia en este momento?). ¡Qué nadie nos quite la libertad de celebrar la diferencia!, y precisamente la diferencia radica en la libertad con la que las corporaciones capitalizan la “diversidad”.

Es un hecho que poco se habla del como se les niega el acceso a sujetos trans (de las bocas se escucha “vestidas”) a la mayor parte de los establecimientos  de “ambiente”, es un hecho que poco se habla de las muertes dentro de estos mismos establecimientos, así como también es un hecho que poco se habla de la industria sexual y el narcotráfico que nutre las cuentas tan diversas de las mismas corporaciones.

¿Cómo es que un movimiento impulsado por corporaciones e intereses particulares que promueven la exclusión de identidades y corporalidades que no se ajustan a las lecturas de lo homo-hetero-NORMAL pretenda visibilizar esa diversidad que tanto enuncia?¿Cómo es que una “comunidad” que celebra la diversidad se siga rigiendo por normas que limitan existencias, y vigilan cuerpos? ¡Soy totalmente. . .diversa!

No se trata de melancolía militante, no se trata de erradicar prácticas violentas con violencia, se trata de procurar las vidas vivibles, de libertades construidas a partir de las normas autogestivas.

Articulo compartido por su autor también en:  http://djovenes.org/

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