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Desigualdad Extrema en México: la raíz de todos los males
Por:  / 7 julio, 2015

GUADALAJARA3.0/Francisco Felix

(07 de julio de 2015).-

Hace unos días, la organización Oxfam México dio a conocer el estudio “Desigualdad extrema en México: concentración del poder económico y político”, elaborado por el destacado economista mexicano Gerardo Esquivel. Dicho estudio demuestra de forma contundente las enormes y crecientes brechas de desigualdad en la sociedad mexicana, así como sus causas y consecuencias, por lo que resulta de enorme utilidad para comprender mejor la situación actual del país y plantear alternativas de solución.

Este estudio se presenta en el marco de un estudio previo, realizado por Oxfam a nivel internacional en 2014, que demuestra que la riqueza de los 85 multimillonarios (hoy 80) más ricos del mundo es equivalente a la que acumula el 50% de la población más pobre del mundo. Dato brutal que tiene su correlato en el caso mexicano, donde 53.3 millones de personas viven en la pobreza (23 de ellos en pobreza extrema) y el 10% más rico concentra más del 64% de la riqueza del país y el 55% del ingreso nacional. Más aún, el 1% más rico posee 43% de la riqueza nacional y 21% del ingreso.

Esquivel demuestra que la desigualdad en México se ha acrecentado de manera sustancial en las tres últimas décadas que coinciden con la aplicación del modelo económico neoliberal en nuestro país. Esto se debe a la cooptación de las instituciones y órganos del Estado por parte de una élite, que busca diseñar e implementar políticas públicas que favorezcan sus intereses políticos y económicos. Algunas de ellas son: políticas tributarias regresivas (pagan más impuestos quienes menos tienen, no hay impuesto a las herencias ni a las ganancias de capital), incentivos para los grandes empresarios (exención de impuestos “para favorecer la inversión”, ausencia de regulación, legislación laboral contraria al trabajador), nulo crecimiento del salario mínimo…

Quizá el mejor ejemplo de la desigualdad extrema que vive nuestro país es el siguiente dato que plantea Esquivel: los cuatro multimillonarios más ricos de México podrían contratar a poco más de 3 millones de personas y pagarles el salario mínimo durante un año, sin perder ni un centavo de sus fortunas, esto es, gastando únicamente lo derivado del rendimiento que éstas les generan (estimado de manera conservadora en apenas un 5%). Estos cuatro multimillonarios son, en orden descendente: Carlos Slim Helú, dueño de Telmex y América Móvil; Germán Larrea, dueño de Grupo México, corporativo minero; Alberto Bailleres, empresario minero dueño de Peñoles, y Ricardo Salinas Pliego, propietario de TV Azteca. No es casualidad que los cuatro hayan amasado sus fortunas al amparo del proceso de privatización acelerada, emprendido a partir de fines de los ochenta y que todos ellos se hayan enriquecido usufructuando empresas que fueron públicas (Telmex e Imevisión, antecedente de TV Azteca) o recursos que pertenecen originalmente a la Nación, como es el caso de los minerales.

Es revelador el hecho de que haya sido a partir de los sexenios panistas cuando se disparó la riqueza de los cuatro mayores multimillonarios mexicanos. Así, mientras en 2002 la suma de sus fortunas representaba el 2% del PIB,

para 2011 alcanzó casi el 9.5%, y aún hoy se mantiene por arriba del 8.5% y alcanza la cifra de 142,900 millones de dólares.

Con datos y gráficas precisos, Esquivel demuestra que México se encuentra entre el 25% de los países más desiguales del mundo señala que dicha desigualdad se acrecienta en el caso de ciertos sectores específicos, como los indígenas -75% de ellos vive en pobreza- o las mujeres, lo cual conlleva además la reproducción de prejuicios, actitudes y prácticas discriminatorias. Todo ello muy a pesar de la aplicación de diversos programas sociales, los cuales tienen un carácter asistencialista y son meros paliativos incapaces de romper el círculo vicioso de la pobreza y la desigualdad.

Un último dato que muestra claramente la orientación de este sistema económico es el hecho de que la distribución del ingreso entre los factores capital y trabajo, esto es, lo que corresponde a los empresarios y a los trabajadores, respectivamente, ha presentado una evolución cada vez favorable para el capital, que pasó del 62% al 73% entre 1981 y 2012.

El resultado de todo lo dicho se refleja, entre otras cosas, en una ruptura del tejido social y un aumento de la marginación, la pobreza y la miseria, condiciones que a su vez se relacionan de manera estrecha con la violencia que ha afectado de manea alarmante al país a partir de 2007. De ahí que la solución no pase por un enfoque represivo o policiaco, sino por atender las causas de la desigualdad extrema. Al respecto, y como conclusión a su estudio, Esquivel sugiere las siguientes medidas: 1) un Estado social que garantice el derecho a salud, educación y alimentación de calidad; 2) una política fiscal progresiva (que paguen más impuestos quienes más tienen); 3) mayores recursos para el gasto social, en particular en las escuelas públicas; 4) salario mínimo fortalecido; 5) transparencia y rendición de cuentas para combatir la corrupción de los políticos. “Curiosa” coincidencia es que todas esas medidas han formado parte de la propuesta de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, a quien la élite no ha permitido alcanzar la presidencia

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