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Desafíos, retos y oportunidades a la mitad de un sexenio
Por:  / 12 octubre, 2015

Guadalajara 3.0/ Carlos Villa

Cuando ha transcurrido la mitad del periodo presidencial de Enrique Peña Nieto, es necesario, además recomendable, tratar de hacer un balance objetivo y justo sobre lo acontecido durante estos tres años, a su vez resulta importante preguntarse y tratar de responder sobre lo que puede ser el resto del mandato.

La entrada al gobierno del equipo de EPN, circunscrita además con el regreso del PRI, sumó un acierto político en tanto desactivó fuerzas como la del poderoso clan de la ex líder del SNTE, Elba Esther Gordillo, a quien puso en la prisión con gran espectacularidad mediática. Enseguida vinieron los impulsos a las reformas de los sectores energético, educativo y hacendario. Aún con opiniones divididas en las Cámaras, al igual que importantes desacuerdos que llegaron a manifestarse, más allá de sus controvertidas matrices neoliberales, éstas han ido avanzando a medida que trascurre el sexenio.

El ejercicio electoral intermedio que hubo este año, fue el termómetro que sirvió al PRI para comprobar sus niveles de fuerza, quedando fuertemente posicionado en gobiernos estatales, municipales, en los congresos de los estados así como en el propio Congreso de la Unión. Las estructuras no han variado a lo largo de los años, sino por el contrario; las viejas formas mediante las cuales se postulan candidatos y se administra en términos absolutos el poder dentro y fuera del partido se mantienes intactas.

Estos activos blindan al mandatario de tal forma que le auguran los próximos tres años de triunfos para su proyecto personal y grupal, aunque solamente sigan favorecidas las élites con capacidad para resistir reveces financieros. Estarán cada vez mejor quienes mantienen la posibilidad de realizar inversiones con futuros asegurados. En especial aquellos favorecidos por el gobierno a base de contratos saldrán airosos de la crisis, si es que llega a tocarles.

De ahí que la correlación de fuerzas que operan en bloque para continuar el modelo de políticas y rumbo financiero favorables a su interés, tenga ya en marcha el operativo para contener la creciente figura de López Obrador, capaz, una vez más, de poner en entredicho la viabilidad de sus planes por medio de las elecciones que pudiera ganar en el 2018. Sus enemigos distribuidos en empresas, cargos públicos, o en otros lugares, inclusive tras fronterizos, saben que este político no es fácil de vencer en las urnas.

Es importante resaltar que la razón del por qué se mantiene la imagen López Obrador fuertemente respaldada en los imaginarios, se puede explicar de alguna forma en el desasosiego que vive la sociedad en todo el territorio nacional, debido a la crisis económica que impacta a la mayor parte de las familias y la inseguridad, principalmente, que se contrastan con los abusos, la corrupción desmedida de la clase política que exhibe toda clase de excesos, lo que inclusive se ha vuelto tema de escándalo a nivel mundial. El movimiento lopezobradorista ha demostrado capacidad para capitalizar y unificar los cauces del descontento popular con la contundencia necesaria como para arribar al poder.

Por su parte entre los altos jerarcas del PRI, comenzando con Peña Nieto, han habido declaraciones que evidencian la estrategia que, desde ahora, seguirá la dirigencia y el grupo que está en el poder: la descalificación en toda oportunidad hacia el enemigo político a vencer, con la creación de la leyenda negra sobre los grandes peligros populistas para que parezcan el acabose de la tranquilidad y el bien común.

Proponen dichos actores trabajar en el imaginario, como lo han hecho siempre, con ideas que generen incertidumbre o rechazo hacia las corrientes que tratarán de sacar al PRI de los Pinos, con la del Bronco incluida. Todo ello con fuerte activismo mediático que pondrá su parte en el costoso impedimento que se construye para frenar el ímpetu del cambio políticamente alternativo que, desde hace años, se gesta sin llegar a articularse de forma tal que pueda vencer al gran poder financiero global.

Por otra parte, los limitados recursos que se aplican hacia cualquier área del vasto mundo de la pobreza en México, repercuten en temas publicitarios del sector oficial. Se magnifican mediáticamente las acciones de este tipo que son más de corte promocional y que en realidad no representan nada en términos porcentuales del presupuesto, gastándose por el contrario verdaderas fortunas en lo que se transmite como logros gubernamentales, día y noche por todos los medios de comunicación que contrata dicho sector.

El gobierno, fuertemente asido al modelo neoliberal, como ha ocurrido con los anteriores, se ha preocupado más por construir los imaginarios en los que la población pueda tener una imaginaria salida de la crisis o al menos imaginar que se dirige hacia ese paraíso donde existe seguridad, empleo, oportunidad de crecimiento, etcétera, en lugar de trabajar en algo concreto para dar solución al desproporcionado problema social que se ha acumulado durante décadas. Se pone demasiado énfasis en lo mediático que solamente sirve para persuadir, en tanto que se descarta totalmente lo político que puede llegar a aliviar o distender el clima social. Este es un rasgo característico.

Finalmente el proyecto gubernamental, si es que existe algo reconocible como tal, cuenta con sus aliados Televisa y TV Azteca, además de las principales cadenas de radio y periódicos que circulan en el país. Todos estos medios reciben dinero como pago por los “servicios” que llaman de comunicación social. Podemos decir lo mismo de los noticiarios y columnistas que todos los días dicen y escriben loas al gobierno. La finalidad de la propaganda es que se hable bien y hasta se imagine estar bien todo; la gente, la economía, el empleo, el país, etcétera, aunque se esté muy mal.

Por otra parte el gobierno tiene frente a sí la oportunidad de culminar, durante los próximos tres años, con un proyecto macroeconómico que sería significativo para el futuro inmediato y lejano. Indudablemente el país representa una de las economías emergentes de América del Norte en términos de riqueza potencial, aunque esto no se vea reflejado en el PIB, gracias a un lento pero sostenido desarrollo y desde luego a los recursos naturales que se mantienen al alza, así como los grandes mercados internos que igualmente atraen y promueven inversión significativa. Sin soslayar desde luego el enorme capital humano.

La fuerza de trabajo que aportan millones de mujeres y hombres es lo que sostiene a la industria, el comercio, los servicios, la enseñanza, la investigación y hasta las actividades productivas de carácter informal entrarían en este rubro, toda vez que la población en alrededor de un cincuenta por ciento obtiene sus ingresos mediante algún tipo de actividad o comercio de carácter informal, lo cual no es en ningún sentido un indicador favorable sino más bien desfavorable, sin embargo esto permite que la gente con ingresos que son tan escasos que le impiden vivir dignamente -la mayoría en México- pueda al menos alimentarse y tener pocos bienes.

No hay un sitio en el país donde no se construyan viviendas, hoteles, centros comerciales y demás infraestructura, así como tampoco zonas donde no se lleven a cabo ampliaciones o nuevos tramos carreteros. Las poblaciones crecen demográficamente, además en extensión a ritmos sostenidos, lo mismo que las comunidades universitarias, escuelas e instituciones formativas y de capacitación en diversos niveles y áreas.

Pese a la persistente y creciente desigualdad, las oportunidades para la juventud se multiplican con los accesos tecnológicos que permiten conectarse con el resto del mundo.

Las principales compañías trasnacionales invierten desde hace décadas en áreas de producción e investigación en nuestro territorio.

Si bien ha sido este un gobierno de grandes acciones y decisiones, es innegable por otra parte que ha tenido realmente pocas o nulas concreciones.

El futuro, ¿qué nos puede esperar?

Peña Nieto si terminará su periodo y lo hará bien. Esta afirmación puede incomodar a distintos críticos y analistas serios. Sin embargo al hacer algunas comparaciones entre momentos coyunturales difíciles y traspiés políticos que han ensombrecido el panorama de los mexicanos, lo que se vive ahora es, con mucho, más estable, entendible y tendiente al equilibrio y un probable crecimiento importante en el corto plazo, que lo que ha sido en años anteriores.

Ya desde los años del gobierno de Miguel de la Madrid, los capos del narcotráfico, como Rafael Caro Quintero, hacían operaciones con toda notoriedad; se mezclaron financieramente con “hombres y mujeres de negocios” de la iniciativa privada en varias ciudades. Sus redes mercantiles o financieras operaron desde constructoras hasta discotecas, pasando por desarrollos inmobiliarios, entre otros. Los tétricos años del salinismo que dejaron huellas indelebles en la sociedad, como fueran los crímenes de Luis Donaldo Colosio, Francisco Ruiz Massieu y el Cardenal Posadas Ocampo, sin contar los cientos de militantes del PRD que pagaron un alto costo, incluso con la vida, por su oposición al régimen, no han sido superados por los presidentes que siguieron después de aquel nefasto sexenio.

Después vinieron las sacudidas por el desatino del “error de diciembre” y la grisácea administración zedillista que culminó con el desmantelamiento, por deterioro y abandono deliberado, de la infraestructura ferroviaria y posterior venta a capitalistas extranjeros.

La alternancia foxista no pasó de ser una disparatada cadena de acciones que trataban de proyectar algo que semejara un gobierno. De escándalo en escándalo, cuyo principal origen fue la corrupción del círculo cercano que lo rodeaba, transcurrieron los seis años más vergonzosos de la historia reciente. El narcotráfico y los conflictos derivados de las acciones delictivas comenzaron a crecer desproporcionadamente, hasta llegar a los años de Felipe Calderón, quien después de una elección cuestionada, con una serie de arrebatos aceleró el proceso de descomposición social con la militarización el país, en tanto que la economía empeoró paulatinamente con la consecuente pérdida de empleos y seguridad social.

Eso es lo que recibió Enrique Peña Nieto; una nación convertida en un verdadero desastre, con decenas de miles de muertos, desparecidos, empobrecidos, una sociedad polarizada entre capitalistas afianzados al poder económico y político, por una parte, y por la otra un creciente descontento de las mayorías el cual aún no ha conectado entre sí a gran escala, pero que puede propiciar el surgimiento de uno o varios liderazgos que encabecen y dirijan un levantamiento popular generalizado, como hemos visto suceder en varios países recientemente y específicamente en Guatemala en los pasados días.

Los temas de agenda complicada como son las demandas respaldadas por medios internacionales hacia los deudos o afectados por el caso de la Escuela Normal Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero, se irán poco a poco disolviendo en el agitado acontecer de los días, pese a las razones legítimas de quienes claman porque se conozca la verdad públicamente. La transformación de una “verdad histórica”, en una mentira encubierta, no hace mella en el sólido aparato de Estado que apuesta al uso del poder y la fuerza.

Tres años es mucho tiempo que da margen a que sucedan tantas cosas, que hasta pueden cambiar radicalmente el derrotero que ha seguido México, en los años que han transcurrido desde la adopción del neoliberalismo, como modelo rector de la economía, con sus ventajas para ciertos sectores, así como enormes quebrantos y miseria para la gran mayoría de los habitantes de este país.

Las influencias tanto externas como internas que debieran ser tomadas en cuenta para imaginar cómo serán los próximos tres años del sexenio, pueden ser tantas y tan variadas en su naturaleza y efectos, que es difícil hacer alguna proyección confiable. No obstante hay material suficiente con lo que ha acontecido en la primera mitad del periodo, como para hacer un diagnóstico que nos permita prever algunas cosas, por ejemplo lo que será una economía que se despetrolariza y diversifica, con nuevas dinámicas comerciales, manufactureras, así como una transformación del campo que ya muestra resultados en escala internacional al aumentar la variedad de productos de este sector que se han adaptado a los climas y suelos.

No será la gran panacea ni mucho menos, sin embargo estaremos más estables en lo político interno y externo, lo cual redundará en un ligero alivio para las gigantescas y dantescas tensiones que hemos vivido.

Espero y deseo que estos cálculos no sean del todo equivocados y que la idea que nos parece fantasiosa, porque apunta a que en el futuro cercano la economía mexicana llegará a ser una de las más prósperas del mundo, llegue a ser una realidad concreta.

Tampoco me hago expectativas alegres en las que pudiera ser relacionado dicho progreso en términos económicos, con algún cambio verdadero para mejorar condiciones de vida entre los más necesitados. Difícilmente los dueños del dinero son capaces de mostrar sensibilidad generosa y ética, como para dar prioridad al urgente rescate de las clases desprotegidas en México sino todo lo contrario; la ambición combinada con la corrupción de las instituciones, con la consecuente pérdida del poder rector del Estado, los ha vuelto inescrupulosamente insaciables.

 

 

 

 

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