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De parricidas, salvajes y neo-chairos, nuevas mafias literarias en México
Por:  / 24 julio, 2015

Jerónimo Emiliano/GUADALAJARA 3.0

 

Como no quiero pertenecer a una mafia como la de Octavio Paz voy a formar mi propio grupo de gente que no quiere pertenecer a una mafia como la de Octavio Paz. Para evitar caer en los sucios juegos que realizaba Octavio Paz sólo nos vamos a leer/reseñar/vitorear entre nosotros, que no somos como las mafias de Octavio Paz. Si alguien se atreviese a criticarnos; probablemente un seguidor de Octavio Paz, entonces le atacáremos en grupo, le cerráremos espacios y le negaremos nuestra amistad. Nos entregáremos premios entre nosotros porque no podemos permitir que obtengan esos premios los seguidores de Octavio Paz. Es la única manera de no ser una mafia. Sería terrible ser como Octavio Paz.

 

Así escribió en su muro de Facebook cierto personaje cuyo nombre no diré todavía porque él sabe ponerse el traje solito. Ironía acertada de un Facebookstar maestro del doble sentido, aunque esta vez la ironía cobró el saldo y se le revirtió; efectivamente, este personaje encara las peores prácticas de Paz… y no tiene su talento.

México es un país lacerado por la corrupción y los abusos de poder. Nuestras gentiles prácticas ya son de fama mundial y no ignoran ningún área o disciplina. Somos corruptos en el día a día como en el futból, en la política, en nuestros deberes ciudadanos y en las artes. Fingimos que no es así, pero la realidad nos supera. No es un secreto que ciertas familias han heredado los monopolios literarios del siglo pasado y que otros individuos se han esforzado titánicamente por ser incluidos en ellas. Aún es temprano para estar seguros, pero ya se perfilan algunos nombres como los nuevos jefes editoriales, hoy son quienes han ganado algunas becas y son directores de editoriales pequeñas que no se comportan como tal.

Alejandro Baca y un número menos mediático son fundadores de Cuadrivio, una editorial que, curiosamente, ha abarrotado las librerías y centros culturales del D.F. Su antología Poetas parricidas (generación entre siglos) es un esfuerzo por reunir a las voces representativas de nuestra generación. El método de selección de los textos fue por convocatoria abierta por internet. Detrás de las buenas intenciones de Baca y su grupo hay algo que no pueden ni quieren ver: lo dañina que es su antología, lo poco parricida y lo “amafiada”, como se burlaban de mí sus seguidores. Pero antes de pasar a esto –y como sé que será usado como argumento en mi contra– diré que participé en la convocatoria y no fui seleccionado. Aunque me pareció que el sistema por competencia no fomenta buenas relaciones entre los escritores, pensé que era una buena oportunidad para compartir espacios con escritores talentosos y pensé, también, en los ridículos requisitos de algunas becas como el FONCA, que dan mejores apoyos si has publicado en antologías. No me da vergüenza decir que participé y ahora soy crítico: participé porque de algo hay que comer y esto es parte del mismo problema. Dirán que soy un “resentido” o un mal perdedor, pero no es la primera vez que dicen algo así y luego se regodean en la obra propia, como pasó con Marco Fonz, quien fue un duro crítico de las antologías y cuyos detractores terminaron por alabarlo después de su suicidio. También sé que, como dijo otra poeta, es peligroso escupirle en la cara a quien después puede ser tu jurado, pero estoy dispuesto a correr el riesgo. Quizá haber participado en la convocatoria me quita el poder moral de hablar de ella, pero ¿seré el único que piensa que la antología es deficiente? No lo creo. Y no hablo de los articulillos simplones de Excelsior y Tierra Adentro, hablo de lo que se dice en el pasillo de las Universidades entre quienes pertenecen al medio e incluso los mismos autores y jurados del concurso,  autores que declararon en una de las presentaciones que los poemas seleccionados no son los mejores, que leyeron otros textos en dichos eventos y lo dicho por un jurado que sorprendido de lo poco parricida de la antología. Mi intención no es criticar a los autores, entre ellos hay unos con mucho talento, aunque habría que preguntarse por qué cuatro de ellos pertenecen a la Fundación para las Letras Mexicanas y esto cómo los relaciona con la estética de Paz y su grupo, sobre el que Baca  hace ironía. Creo, sin embargo, que estos autores mandaron poemas “a modo”, pensados para satisfacer un criterio, a diferencia de otros trabajos de ellos mismos, más atrevidos. En nada se diferencian los poemas de los parricidas de los de la generación anterior, su estilo recuerda a un refrito entre los estridentistas y los contemporáneos, la antología brilla porque no reúne la fértil producción experimental en México y puede leerse como un solo libro, pues no es rico en voces, salvo algunas –cortas- excepciones-. Dice Baca que el jurado no estaba conformado por miembros del Consejo Editorial, si es así ¿es ético que el director de la Editorial tenga lugar en la antología, con dos poemas? Ahora creo que me salvé de un quemón horrible, en un espacio tan cuestionado. Pareciera que la búsqueda común del escritor joven —pongamos un campo absolutamente arbitrario: de los 15 a los 35 años— responde a la fama y al prestigio social de “ser poeta” sobre la propuesta estética, que obliga a un compromiso disciplinado de los sentidos. La sociedad del espectáculo merma el deseo del artista: se desea ser famoso, una “estrella de la literatura”, cuya idea patética es alimentada por la academia, por la industria editorial, las instituciones culturales, los medios de comunicación y, —he aquí lo más grave—, debido al vacío ético-estético, por los mismos escritores. Así, la escritura de la apariencia sirve para elevar a uno mismo a una categoría nada trascendental de “literato”, cuyo estado último, cuando menos, debería alcanzarse luego de un proceso lento e íntimamente ligado a la experiencia, que significa un empirismo no forzado, sí experimentado y que no puede ser comprendido en su totalidad hasta la madurez del artista. La misma idea de la “estrella de la literatura” es una impostura de Hollywood, en el estricto sentido de que los valores del éxito y de la permuta del héroe en la sociedad son el mensaje principal en las películas y series televisivas, así como en la publicidad. El rockstar literario responde al estereotipo del héroe de Disney lo mismo que al bohemio de principios del siglo pasado, lo mismo que al poeta maldito de finales del siglo XIX, lo mismo que al rockero de la década de los sesentas.

Regreso al tema, lo que se hace más grave es la sensación de quienes coordinan Cuadrivio de que con su trabajo se libran de las prácticas de sus predecesores y que le hacen un bien a la poesía: ¿quién les dio derecho de decidir cuál es la literatura de nuestra generación que vale la pena?, ¿tenemos algo en común como generación?, ¿estos serán los poetas recordados cuando estemos muertos? Baca, quien se queja: “Si alguien se atreviese a criticarnos; probablemente un seguidor de Octavio Paz, entonces le atacáremos en grupo, le cerráremos espacios y le negaremos nuestra amistad” se alarmó visiblemente cuando lo critiqué en vivo, al punto que su grupo tuvo que tranquilizarlo y en Facebook dijo -dos veces- que estaba llorando porque no fui seleccionado y que necesitaba ir al psicólogo, en lugar de argumentar y defenderse como se hace en la literatura desde que existen libros y críticos de libros. Por este medio lo invito a una discusión informada, no a un pataleo.

Un ejercicio aparentemente democrático terminó excluyendo mucho y cerrando espacios a los “resentidos” a los “llorones” y a los que tenemos problemas psicológicos. Al final, las presentaciones en la librería Rosario Castellanos y en el Claustro de Sor Juana, ¿no son los mismos espacios de Paz y compañía? Un parricida mata al padre, no escribe para hacerle sentir cómodo. Poetas parricidas… es una antología cómoda, de formato tradicional, sin propuesta visual, sin experimento. Una antología como ésta no puede dar voces a lo que es, todavía, -un poco- parricida: la poesía visual y sonora, el libro-objeto, el performance y happening –bien hechos-, el video-arte, el ready-made, etc. o incluso a la poesía tradicional pero la que innova en forma y contenido y no solo dice que lo hace. De la mano de Cuadrivio, los poetas neo-chairos llaman la atención por su torpeza política y su falta de rigor estético. Su pose de pequeños Rimbauds o Dr. House es pedante y su fama hace poca justicia al trabajo de otros artistas.

Por mi parte, el espectro generacional me parece corto, habrá que justificar el rango. Creo que compartimos rasgos importantes con la generación de los 80’ y 2000, cuya obra nos e incluye en la antología. Cierro, por el momento, con una lista de 30 autores de estas generaciones, para emular Poetas parricidas… que no fueron incluidos ahí y cuya obra valdría la pena revisar. Estaría bueno que me ayudaran a poner más nombres.

Abraham Peralta, Mauro Hernández, Santiago Bermúdez, Juan Andrés Herrera, Alberto David Cerqueda, Eduardo Reséndiz, Tonatiuh Mercado, Marina Ruiz, Dante de la Vega, Gran Dao, Ekiwa Alder, Karlos Atl, Cyntia Franco, Carlos Titos Barraza, Víctor Ibarra (Genkidama Ñu), José Quezada, Davo Valdés, Beatriz Paz (Beata Fénix), León Hersch, Mariana Iracheta (Maa Iracheta), Alexis Rashat, Segio Loo, Rojo Córdoba, Lauri Garcia, David H. Rambo, Yara Zicarú, Sara Raca, Mijail Lamas, Erick Fiesco, Mariana M. Rodríguez.

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