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De evasiones, vacíos y voluntades
Por:  / 22 julio, 2015

GUADALAJARA3.0/Carlos Villa Guzman

Me vienen a la mente las escenas de una película de hace mucho tiempo: El gran escape,  en cuya trama el actor Steve McQueen, ya bastante famoso en la época allá por los años 60 de la pasada centuria, intenta una fuga de un campo de concentración nazi junto con decenas de prisioneros que en su mayoría logran huir. Él no. La salida del grupo de hombres amparados por la oscuridad es descubierta por un vigía que inmediatamente da la alarma e ilumina con un reflector a quienes tratan de escapar y comienzan los disparos. El actor estelar es el último en buscar meterse en el túnel por donde se alejaron de la prisión los compañeros, no consigue hacerlo y abandona el lugar a toda prisa hasta dar con una motocicleta con la que intenta saltar sobre las alambradas que cercan la prisión. Logra traspasar las primeras barreras hasta que finalmente cae abatido por las balas de los custodios alemanes.

Una gran parte del filme muestra la forma como fue construido dicho túnel de escape por decenas de hombres que, discretamente, desparramaban la tierra extraída en los límites del campo donde les permitían estar, fingiendo hacer ejercicios matutinos. No era mucha la distancia donde estuvo la salida, sin embargo la longitud, anchura, apuntalamiento, ventilación y demás características de la excavación, sin máquinas ni herramientas adecuadas, la volvieron una empresa sumamente audaz y complicada.

Evidentemente las prisiones de guerra o “campos de concentración” de la Segunda Guerra Mundial eran construcciones no muy sólidas ni blindadas, sino que más bien se privaba de la libertad a los retenidos por medio de las ametralladoras y fusiles. Con eso bastaba para que muy pocos, que en su mayoría no vivieron para contarlo, osaran escapar.

En aquella película, un puñado de individuos desesperados que luchaban por su vida salen ingeniosamente del tormento por sus propios medios. Hoy, en la que llamamos la vida real, como si hubiera otra, en las prisiones que igualmente llamamos de alta seguridad, es imposible que alguien escape sin el consentimiento de una alta autoridad.

Quizá efectivamente el prófugo más famoso del mundo en estos momentos salió por un túnel, lo que no es creíble es que éste sea reciente. Tal vez las mafias que controlan gobiernos con todo e instituciones como entidades militares, policiacas, civiles que ejercen poder, etcétera, se valen de las mismas para que les acondicionen con antelación instalaciones estratégicas que en un momento dado les sean de utilidad, como es el caso de esta obra subterránea que no se ha dado a conocer en detalle y mucho menos se explica la supuesta construcción –ya que ahora se duda de que realmente exista – que comunica la casa en construcción a mil quinientos metros de distancia, con el espacio que sirve para la regadera en la celda del célebre preso.

Por donde trate de armar una explicación la autoridad federal está perdida. No hay manera de lograr que la opinión pública entienda lo que dicha autoridad, llámese presidente de la República, Secretario de Gobernación, de la Defensa Nacional, o quien sea, pretenden dar a entender y sea de esa forma entendido. Lo que ellos dicen o van a decir, lo sabemos, no contiene toda la verdad. Aquí hay una guerra fuerte entre grupos que, del campo de la violencia de las armas, pasó a la máxima violencia política. Es un golpe fuerte al gobierno-mafia de Peña Nieto, el cual fue dirigido desde otro grupo de mafia política enemigo y ambos están incrustados en el sistema que la prensa mundial ha llamado la “narcodemocracia”. Sacar al capo cuando les convino es un desconocimiento al Ejecutivo, ya no se diga a todo lo que significa el gabinete. Se trata ya de un tramo final de la política por donde hemos transitado desde hace décadas. Aquí comienza la agonía que, ojalá se equivoquen quienes así lo auguran, costará más sangre. Todo derrumbe, todo final de un régimen conlleva batallas que pueden ser cruentas, como lo vemos ahora.

El sacrificio de los muchachos de la Normal de Ayotzinapa seguramente es parte de esa guerra que ha dejado la imagen de la dirigencia del país hecha añicos.

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